Página 119 - PRINCIPIOS FILOSÓFICOS Y EPISTEMOLÓGICOS DEL SER DOCENTE

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Esta falta de comprensión de la función curricular del docente en el espacio y
tiempo de la formación, condiciona a su vez la propia mirada pedagógica que éste tiene
sobre la visión del educando como protagonista de su aprendizaje y para encontrarle
significado situacional a los contenidos que les selecciona y transmite, según la propuesta
programática de la disciplina o del sector de aprendizaje que él/ella asumen.
Ahora, si miramos estas decisiones curriculares desde la necesidad del educando de
aprender, entonces la selección y organización de los distintos componentes estructurales
del currículo (objetivos, contenidos, estrategias metodológicas, recursos educativos,
configuración del espacio y el tiempo formativo, gestión pedagógica de las intenciones
formativas) debe considerar los intereses y motivaciones de los educandos concretos. Si el
educador no entiende y ni ejercita esta operación de contextualizar, tampoco podrá
entender la necesidad de capturar el interés de aprendizaje de sus educandos concretos, para
éstos componentes estructurales del currículo.
El desafío formativo es, entonces, lograr que el docente sepa seleccionar y transmitir
contextualizadamente los conceptos o definiciones o conocimientos que estén más
próximos a la capacidad de comprensión y de aplicación de sus eventuales educandos; y
esto debe traducirse en las planificaciones formativas que elabore, para atraer la atención y
la motivación de esos educandos, para que aprendan.
Para avanzar en esta comprensión y acción de un currículo cultural socio-ético
complejo, se requiere visualizar con claridad lo organización curricular de cualquier
proyecto curricular.
En primer lugar y como ya lo dijimos explícitamente en el Capítulo I de este texto,
el docente tiene que saber tomar decisiones curriculares que le permitan seleccionar
conceptos teóricos o valores que orienten su acción formativa (fundamentos de la visión
antropológica y valórica) propia de su opción de ser y de estar situados en una realidad
latinoamericana. Esta visión se constituye como opción personal del docente, cuando él
elije, desde la diversidad de modos de estar y ser en el mundo, una manera de
organizar/priorizar los componentes estructurales del currículo desde un sentido consciente
y asumido explícitamente.
En segundo lugar y como también lo dijimos en el Capítulo II de este libro, el
docente debe conocer las fuentes del conocimiento, los ciclos del proceso de enseñar y
aprender, y los nuevos ejes en que debiese articular el currículo diseñado. Este conocer, que
no es puramente académico-intelectual, sino que también valórico y afectivo, debiese
significar para el docente saber organizar las actividades de enseñanza y aprendizaje como
acciones colaborativas y como una permanente instancia de búsqueda en equipo de la
relación conocimiento y realidad, teoría y acción, reflexión crítica-transformadora.
En tercer lugar, el docente debe saber seleccionar y usar los recursos educativos y
los procedimientos pedagógicos que le posibiliten interactuar con sus educandos para
alcanzar conocimientos y valores socialmente útiles y necesarios para el desarrollo de
ambos. Hoy día, sin duda, los recursos tecnológicos y el material didáctico audiovisual y